sábado, 24 de febrero de 2018

Domus pompeyana





     Gracias  a los restos conservados en Pompeya podemos conocer  la casa urbana (domus) de los romanos. La mayor parte de la población se hacinaba en bloques de pisos, y solo los afortunados habitaban  en una domus, lo que hoy llamaríamos viviendas unifamiliares.

    La viajera  observa  que las casas no tienen ventanas ni  balcones y que   los techos de todas las casas han desaparecido. Es, como escribió  Benito Pérez Galdós, una ciudad destapada y  parece que algún demonio le ha levantado de una vez y en un solo movimiento todos los techos, a fin de que se vea bien lo que dentro hay.

    La distribución interior es similar  en todas las casas. En su forma más sencilla, se accede por el vestíbulo. Pasada la puerta se llega al atrio, el patio, que estaba techado excepto la parte central para recoger las aguas de la lluvia en un estanque. En torno al atrio están  las habitaciones (dormitorios, comedor, cocina, baños y demás dependencias)  y  al fondo del mismo el tablinum, el despacho donde el dueño de la casa recibía a los clientes. En las casas más nobles, detrás del tablinum  se situaba  un patio porticado (peristilum): patio abierto a un jardín o pequeño huerto que también tenía otras estancias privadas a su alrededor.

  Lo más sobresaliente de estas casas  son los frescos decorativos. Por Pompeya conocemos la pintura antigua. Estos tesoros los guarda hoy el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.  Vicente Blasco Ibáñez, en 1896, En el país del arte (tres meses en Italia) escribía: “La casa  de cada ciudadano era un paraíso,  hermoseado por el arte, dentro del cual todo estaba previsto. En pie están la mayoría de ellas, y el visitante siente deseos de ser millonario para reconstruir una de dichas casas y acabar sus días bajo su techo, bebiendo el vino en copas de oro, entre las melodías de las desnudas flautistas griegas, como un ciudadano de los tiempos de Augusto”.


    En Pompeya destaca los restos de la  Casa del Fauno, llamada así por la estatua en bronce de un pequeño  fauno que estaba en el atrio. Además,  se encontró el magnifico mosaico de Issos (o mosaico de Alejandro Magno) que actualmente forma parte de la colección del  Museo de Nápoles.



    También destaca la Villa de los Vettii, otra de las casas de la élite romana, exquisitamente decorada por frescos murales. En el vestíbulo se halló la famosa pintura representando a Príapo con su enorme falo portando una balanza repleta de oro, símbolo de suerte y abundancia.